domingo, 20 de septiembre de 2009

"El verdadero sueño se situaba en una zona impresisa, del lado del despertar pero sin que estuviera verdaderamente despierto; para hablar de eso hubiera sido necesario valerse de otras referencias, eliminar esos rotundos soñar y despertar que no qerian decir nada, situarse mas bien en esa zona donde otra vez se proponia la casa de la infancia, la sala y el jardin en un presente nitido, con colores como se los ve a los diez años, rojos tan rojos, azules de mamparas de vidrios colorados , verde de hojas, verde de fragancias, olor y color una sola presencia a la altura de la nariz y los ojos y la boca"
Julio Cortazar, [Fragmento del cap. 123 de "Rayuela"]

[...] y la boca. La hamaca paraguaya debajo de mis dos arboles favoritos, y yo sobre ella, intentando esconderme de mi hermanito. Ese ser pequeño y travieso que mama trajo al mundo me buscaba con desesperacion en la sala, y mi estadia dentro de esa gruesa tela parecia extenderse a años. En ese lapso interminable comenzaba a analizar los gastos del mes que tanto me tenian preocupado y la ropa que habia dejado colgada en la terraza: ¿Que pasa si se larga la lluvia?
De pronto abro los ojos y veo la almohada, vuelvo a cerrarlos. Siento que alguien me empuja desde la espalda, y en ese transcurso lento y sufrido en el que mi cuerpo caia al pasto mojado, vi los pies de mi hermano corriendo desesperado queriendo llegar a la pared de mi habitacion, picarme y ganar esta larga escondida.
Suena el telefono ¿Suena el telefono?. Por un momento me senti despierto y quise levantarme corriendo a atender. Pero en ese periodo de indesiocion y de ganas de seguir soñando cerre los ojos y aparecio mamá con sus jovenes treinta años corriendo desde la puerta con las bolsas del super; con alguna intencion de llegar al aparato que no parecia qerer de sonar. Ella corria y corria, pero parecia correr en el lugar ya que la campanilla repetia su interminable chillido.
Reina el silencio, mama desaparece. Y yo que con tal de volver a verla preferia seguir escuchando el telefono.
Ahora tocaban bocina. Era un sonido monotono y constante, pero familiar. Realmente me molestaba.. ¡El micro escolar!, ¡Llegamos tarde!- Grita mi hermano como lo hacia todos los dias cuando la escuchaba. Yo hacia oidos sordos y buscaba a mama, queria encaprichadamente que me acompañe a la puerta. No la encontraba y mi desesperacion era tal que no habian mas colores, faltaban las fragancias y la belleza que caraterizaba a ese hermoso y anhelado hogar. Solo estaba yo, y la bocina que segui sonando pero cada ves menos parecido a una bocina, y mas al depertador que me llamaba todas las mañanas.
Anahí, (en un intento de seguir la historia)

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